Tengo muchas ghost stories
Unas imaginarias y otras que tienen más que ver con el pasado.
En mi mundo post apocalíptico imaginario, no solo hay arañas, hambruna, sequía, enfermedad o Tom Cruise en camisa verde militar.
Tengo muchas ghost stories. Unas imaginarias, otras que tienen más que ver con el pasado. Algunas son más un tipo de what ifs, y muchas, muchas más que tienen que ver con el futuro. Es un disco que de vez en cuando, repite mis escenarios catastróficos y mis miedos. No me atormentan 24/7, pero ahí están: listas para robar mi atención en cualquier momento.
Hay cosas que evidentemente no puedo controlar, pero en ocasiones, siento todo su peso respirándome en la nuca, Marce.
Por ejemplo, a veces mi mente me traiciona y me lleva por un viaje sombrío en el que ya no está nadie de los que amo. Hay ocasiones, en que mis ghost stories remarcan el paso del tiempo sobre los cuerpos de mis papás y siento un escalofrío cada vez que ocurre.
Muchas veces mis miedos me cuestionan si «debería» estar haciendo más. Si esto es suficiente. Si soy suficientemente buena en lo que hago. Luego me recuerdan comparar mi camino con el de alguien más y caigo en un loop infinito.
Ya sé, ya sé. Cada quien va a su propio ritmo. Me sé toda la teoría. Es algo que simplemente pasa. Creo que es algo generacional.
Hay noches de ocio que me recriminan mis decisiones del pasado. Luego me reprochan por qué no he dejado ir tal época de mi vida, si ya pasó mucho tiempo. A veces me acosan preguntándome si realmente ya superé aquello que me mantenía despierta en mis noches del 2019 o el 2021.
Y ni hablar de lo que viene a mi mente cuando pienso sobre mi estabilidad económica, los cambios de gobierno y hasta Donald Trump.
Durante mis monólogos con la pared, pienso en el dolor ajeno y en un mundo sin agua. Pienso en «el tiempo perdido» o en las veces que no he sabido ser una buena amiga. A veces, mis ghost stories me torturan imaginando el día en que A. deje de amarme.
Me da miedo la nada. Me da miedo el vacío. Me da miedo dejar de sentir. Me da miedo que un día mi cuerpo se ponga en huelga y deje de funcionar, así nada más.
Me da miedo olvidar y por eso escribo.
Este año sentí el tiempo encima de mí. Lo noté en cosas frívolas, como mis canas, pero también lo sentí en mi cuerpo pidiéndome descansar un poco más o en la lesión que tuve en marzo pasado.
Hay días en los que me gusta repasar mi carrete de fotos y revivir mis momentos favoritos: conciertos con la gente que más quiero, Japón con mi novio, las risas con mis amigas, acurrucarme con mi mamá, las slow mornings con mis gatos o el viento en mi cabello cuando salgo a correr… pero luego pienso:
¿Esto es lo más feliz que seré en toda mi vida?
Mis ghost stories están aquí y me enseñaron a apretar los dientes en las noches exigiendo respuestas. Quizá nunca las tenga, pero por ahora, ya puedo enlistarlas en las notas de mi celular.
A mis ghost stories:
Las veo.
Estoy consciente, y ese es el verdadero regalo.
Ustedes son una parte de mí, y hacen que yo sea yo, anyway.
