Wanting was enough.
For me it was enough.
Salt air, and the rust on your door,
I never needed anything more.
Así empieza una de mis canciones favoritas de Taylor Swift. Una que tengo muy cerquita del corazón. August es la historia sobre un triángulo amoroso adolescente contada desde el punto de vista de «la otra».
Y antes de seguir, quiero decir que no pretendo victimizar a nadie; tampoco quitarle responsabilidad a quien(es) la tiene(n). Solo cuestiono la estigmatización de esta figura.
Por ejemplo, para empezar, el arquetipo del tercero en discordia siempre es mujer (how funny!). Al menos así se ha pintado en Latinoamérica: la culpable. La intrusa. La indeseable. La insensible. La mala. La zorra.
¿Por qué?
No me detendré en infieles patológicos ni en amantes seriales, pero sí en aquellos a quienes nos ha tocado estar en alguna de estas posiciones al menos una vez en la vida porque pues, life happens y a veces no tenemos las mejores herramientas para afrontar esto o aquello.
¿Por qué elegimos lo que elegimos? Una carga de inseguridades, una perspectiva alterada del merecimiento, necesidad de adrenalina o validación, qué sé yo.
¿Y qué ganamos con estigmatizarlo? Nada. De hecho, todo lo contrario. Cuando segmentemos y juzgamos, no dejamos espacios seguros para que las personas puedan abrirse y ser vulnerables. No toleramos conocer «el lado oscuro de las personas». No sabemos qué hacer con eso. Nos incomoda platicar con alguien que sabemos que «moralmente, está haciendo algo incorrecto».
Y no, si te ponen el cuerno no tienes la obligación de ser un santx y la persona más empática del mundo. Encabrónate. Traición es traición y que arda el mundo (si quieres).
Pero, ¿podemos empezar a responsabilizar a la persona que —de hecho— tiene acuerdos con su pareja y decide no cumplirlos?
¿Podemos empezar a hablar de la responsabilidad compartida de la pareja?
¿No deberíamos empezar a responsabilizar a los hombres por sus malas decisiones también?
La infidelidad no es un tema de género. La crucifixión que trae consigo ser «la otra», sí lo es.
Me gusta mucho August porque humaniza a este arquetipo y lo retrata como una persona como cualquier otra, experimentando las emociones más humanas. Una persona con una conciencia tremenda que le permite saber y aceptar que nunca existió un «nosotros».
So much for summer love and saying «us» cause you weren’t mine to lose.
Habla con una honestidad brutal sobre la añoranza de pertenecer.
Your back beneath the sun, wishing I could write my name on it.
Describe la realidad en la que a veces te conformas con poquito.
Wanting was enough. For me it was enough.
La fugacidad, pero la intensidad con la que se sienten estas relaciones.
August sipped away like a bottle of wine.
A veces creo que se nos olvida que elegir «bien» es un privilegio emocional y hasta sociocultural. No doy por hecho el poder de alejarnos a nosotros mismos de situaciones que detonan ansiedad, incertidumbre o tristeza.
Quizá es hora de empezar a escuchar –sin juicios– las historias que las personas tienen por contar.
Yo he sido August.
Yo he vivido for the hope of it all.
